domingo, 16 de mayo de 2010
20:28
| Posted by Violeta
¡Ya basta! Sólo quiero algo en claro... algo nuevo de lo que reirme o aburrirme, o simplemente algo.
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Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel
Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo
llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de
barro y cañabrava construida a la orilla de un río de aguas diáfanas que se
precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos
prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y
para mencionarlas había que señalarlas con el dedo
Cien Años de Soledad
Grabriel García Márquez
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